Venezuela después de Maduro

Hoy quiero hacer una reflexión más profunda y compleja de lo que normalmente hacemos, y creo que un poco descarnada. Muchos venezolanos se van a enojar al leerla. En mis años de vida, esto es inédito para mí. Hacer una previsión no es tan fácil, porque hay miles de factores que se deben tener en cuenta, pero intentaré hacer una revisión de algunos hechos que considero importantes:

1. Los diferentes grupos violentos que hay en Venezuela en la actualidad

    En este apartado revisaremos cuáles son las fuerzas armadas existentes. Está el Ejército regular, conformado por la FANB: Ejército, Armada, Aviación Nacional y Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Aunque menos peligrosas, también están la Milicia Bolivariana, componente especial de la FANB (reservistas), y personas que se han afiliado para demostrar, de alguna manera, que están a favor del régimen.

    También está la policía federal, la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Más allá de estos cuerpos armados nacionales, existen las policías de cada estado, que son de orden regional, y las policías locales y municipales.

    Estos cuerpos ligados al régimen, con apariencia de legitimidad, no son los únicos. También es necesario tener en cuenta a los bolillos o colectivos, que son grupos aliados al régimen que operan en la clandestinidad y actúan como una parapolicía barrial. Estos colectivos no tienen una cadena de mando formal, pero guardan fidelidad al régimen que los creó y los armó. Se dice que se encargan del control armado sectorial y comunal. Manejan el microtráfico y la delincuencia local en toda Venezuela; no hay un lugar del país donde no estén presentes.

    Por otra parte, están los grupos armados que operan como franquicias de las guerrillas colombianas: las FARC, el ELN, el EPL y otros, que tienen estructuras importantes en Venezuela, tanto en el narcotráfico como en el control territorial.

    También existen grupos armados de narcotraficantes no afiliados, como narcos mexicanos, colombianos, pandillas centroamericanas e incluso narcotraficantes estadounidenses que operan en Venezuela.

    Para mí, este es el primer punto a tener en cuenta en un proceso pos-Maduro, ya que estas armas son fuente de violencia, represión al pueblo y oposición a cualquiera que pretenda restarles poder a sus actividades tradicionales, principalmente el narcotráfico y la minería ilegal.

    2. Una estructura de funcionarios públicos del régimen a todos los niveles de la administración

      Algo que, en medio de la emoción, no logramos ver con claridad es la importancia de las estructuras de gobierno para que las administraciones funcionen. Los funcionarios no son máquinas; son seres humanos con filias y odios, con posicionamiento político propio e ideas propias.

      Decir hoy en día que va a llegar un nuevo gobierno es muy fácil, de boca para afuera, pero antes se debe hacer una selección de personal y un cambio rotundo que no se limita solo a los ministros ni a los mandos medios. Hay que reconstruir las instituciones desde cero, con personal que no esté fanatizado por el régimen.

      Venezuela no tiene ese talento disponible en su territorio actualmente, ya que en los últimos diez años la fuga de talento venezolano hacia el exterior ha sido brutal. Lo mejor del talento venezolano está asilado por el mundo, y este es uno de los problemas más importantes que se deben afrontar. Ya lo vivió el uribismo durante el gobierno de Iván Duque en Colombia y lo está viviendo Javier Milei en Argentina, donde muchas instituciones son contrarias a su ideología.

      En Venezuela la situación es aún peor: el sistema educativo está minado de fieles al régimen, de comunistas y socialistas fanatizados con las ideas bolivarianas que llevaron a la destrucción de un país hermoso y grande.

      3. Un pueblo vinculado al régimen

        No voy a decir que los venezolanos que viven en Venezuela sufran el síndrome de Estocolmo, ni quiero que se entienda de esa manera, pero es innegable que para sobrevivir en la Venezuela actual se requiere tener enchufe de alguna forma.

        Millones de venezolanos dependieron durante décadas del régimen. Sus hijos estudiaron en centros de adoctrinamiento; sus primos, tíos, hijos y parientes forman parte del régimen, están en sus instituciones o están vinculados, unidos o familiarizados con él. Esto va a generar un cono de resistencia bastante importante que se convertirá en un dolor de cabeza.

        No olvidemos por qué fracasó militarmente Colombia ni por qué fue un fracaso Vietnam: en ambos casos, las guerrillas estaban estrechamente vinculadas social y familiarmente con la comunidad urbana y rural. Décadas de reclutamiento de primos, sobrinos, hijos y familiares hacen que incluso personas no vinculadas directamente con la causa se conviertan en actores indirectos, dando refugio y respaldo a los milicianos.

        ¿Por qué? ¿Quién denuncia a su sobrino o a su hermano que llega a pedir ayuda? ¿Quién arriesga su vida denunciando a su vecino de toda la vida? Este es un riesgo que debe tenerse muy en cuenta.

        4. Quedan cabezas vivas

          Diosdado, Padrino y Delcy aún están libres, sin mencionar a la cúpula militar de generales y comandantes de policía, así como a gobernadores y alcaldes del régimen. Estos líderes, que han mantenido a su pueblo de rodillas durante años, tienen miles de seguidores y adeptos que seguramente se convertirán en una oposición violenta, haciendo aún más difícil la transición.

          Estos líderes deberían ser neutralizados de manera simultánea. Lo único que evitaría que se alcen en armas y se coludan con los factores armados mencionados en el punto 1 sería que el pueblo, en bloque, se opusiera a ellos. Pero existe el vínculo emocional e ideológico mencionado anteriormente. Por lo tanto, lo más seguro es que la transición no sea fácil ni pacífica.

          5. Los partidos de oposición no son ni de derechas ni libertarios

            La derecha mundial antimaduro y anticomunista se ha equivocado siempre al analizar las tendencias políticas en Venezuela. Creen que la oposición es conservadora o liberal, pero no es así. Aunque los partidos opositores estén hoy aliados con fuerzas de derechas, en sus orígenes muchos fueron partidos socialistas o de izquierda.

            Las alianzas actuales son circunstanciales y oportunistas, aunque necesarias. Estamos hablando del mal menor, pero no hay que perder de vista este fenómeno. Los libertarios mileístas o los conservadores trumpistas no deben creer que Venezuela se está liberando del comunismo o de la izquierda; simplemente se está intentando liberar del régimen dictatorial de Maduro y del chavismo.

            6. El chavismo como religión y forma de vida

              Los chavistas veneran al líder y la memoria de Chávez, que se ha insertado en la memoria social de tal manera que incluso, dentro de la santería, es venerado como un santo. Le rezan y le piden ayuda.

              Pero más allá de eso está la cultura de vivir “a lo chavista”: esperar la caja de mercado, que los servicios públicos sean regalados, que el médico sea gratis, que te paguen por tener hijos y te ayuden a criarlos, que la educación sea gratuita, que todo esté subsidiado y que el Estado responda por todo.

              Esto es un problema enorme. Los más jóvenes quizás quieran salir de ello, pero los mayores —los que vieron reducida su jornada laboral y se sostuvieron con subsidios, los que se pensionaron sin haber cotizado jamás— serán un problema para la transición y para cualquier aspiración de cambio real y efectivo.

              Escenarios posibles

              Por último, no existe ningún escenario seguro ni garantizado para llegar a un régimen de transición. No es simplemente “quitamos a Maduro y todos felices a casa”. El día después de Maduro es cuando empiezan las verdaderas penurias y cuando veremos qué es lo que realmente ocurre.

              El primer escenario es que una revolución social fuerte del pueblo venezolano logre deponer completamente a los tentáculos del régimen que queden vivos, o que estos huyan. Pero esto requiere una férrea oposición popular, y se dificulta por la multiplicidad de fuerzas armadas que protegen al régimen.

              El segundo escenario —que considero el más probable— es que el régimen no caiga, sino que solo cambie de líder, dando paso a una intervención armada más directa de Estados Unidos y a una guerra entre venezolanos, con norteamericanos en el otro bando. El régimen sigue fuerte y aún no han caído todas sus cabezas.

              El último escenario es una guerra civil sin cuartel, sin intervención directa de Estados Unidos, pero con consecuencias geopolíticas que podrían afectar incluso a Colombia y a territorios como mi natal Arauca. Es el peor de los escenarios posibles: un infierno en cada ciudad, con opositores enfrentados al régimen.

              Por: Nestor Saul Caicedo Galindez

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              1 comentario en “Venezuela después de Maduro”

              1. Me bajó la moral!!
                Es decir que países como el nuestro (Colombia) se tiene que aguantar a la mayoría de mantenidos y delincuentes que emigraron de ese país así caiga ese régimen perverso?
                Que triste, apague y vámonos!! Pero a que país podemos emigrar los colombianos si cada día está este mundo más corrupto y con falta de respeto por el derecho del otro?!!

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